El gato que cuidaba de las bibliotecas
María Eugenia Galindo M
La literatura contemporánea japonesa nos ha regalado en las últimas décadas un amplio repertorio de obras que exploran los vínculos entre la cotidianidad y la fantasía, abriendo al lector espacios de reflexión a través de narrativas sencillas, emotivas y cargadas de simbolismo. Dentro de esta corriente se ubica la obra del médico y escritor japonés Sōsuke Natsukawa quien alcanzó reconocimiento internacional con la obra El gato que amaba los libros (2017). El éxito de esta primera novela motivó la aparición de una segunda entrega, El gato que cuidaba las bibliotecas, publicada en 2024 en español por la editorial Grijalvo narrativa.
Es una obra que trasciende el género juvenil para convertirse en un relato universal sobre la memoria, la cultura y la responsabilidad compartida. Natsukawa logra, a través de la sencillez de su prosa, plantear preguntas profundas: ¿qué significa cuidar los libros?, ¿cómo preservamos la herencia cultural en una era digital?, ¿de qué manera los espacios colectivos nos ayudan a encontrarnos a nosotros mismos?
Leída como secuela, amplía y enriquece el universo de Tora, llevándolo de la intimidad de la lectura hacia el compromiso con la colectividad. Y leída como obra independiente, ofrece una experiencia esperanzadora, que recuerda al lector que en cada libro se resguarda no solo conocimiento, sino también la posibilidad de sanar y de reconectar con el sentido de la vida.
Esta secuela retoma al personaje de Tora, el gato que habla, cuya misión es proteger el conocimiento y sabiduría contenida en los libros. En esta ocasión el centro narrativo lo ocupa Nanami, una adolescente que, al igual que el joven heredero de la librería Natsuki, deberá enfrentar desafíos personales y espirituales guiada por Tora.
La obra puede leerse como una continuación de la primera novela y además como una reflexión independiente sobre la importancia de cuidar las bibliotecas no solo como espacios físicos, sino como depósitos de la memoria cultural humana universal
La historia inicia con Nanami, una joven estudiante huérfana de madre que atraviesa una etapa de desconexión consigo misma y con los demás. Su vida parece rutinaria, marcada por el aislamiento y la falta de motivación. Entonces aparece Tora, el misterioso gato atigrado con ojos de color esmeralda que ya acompañó a Rintarō en la primera novela.
Tora invita a Nanami a adentrarse en una misión: proteger a las bibliotecas de quienes las amenazan, no tanto con fuego o destrucción, sino con formas más sutiles como el olvido, la indiferencia y el abuso del conocimiento. Juntos recorren escenarios simbólicos donde encuentran personajes que representan distintas actitudes hacia los libros y la lectura: desde el egoísmo de quienes buscan lucrar con la cultura hasta la frivolidad.
A través de estas aventuras, Nanami no solo descubre la importancia de los libros y la memoria, sino que también se enfrenta a sus propios temores como la soledad y a la necesidad de dar sentido a su vida. Tora se convierte en guía, maestro y compañero, recordándole constantemente que los libros son, en el fondo, espejos del alma humana.
Uno de los ejes centrales de El gato que cuidaba las bibliotecas es la necesidad de preservar los espacios colectivos de conocimiento. La biblioteca aparece como un símbolo de la memoria compartida, donde convergen generaciones, saberes y sensibilidades.
El personaje de Nanami representa a las nuevas generaciones, aquellas que a menudo se sienten desconectadas del mundo y que deben reencontrarse con el sentido profundo de la cultura. Tora, por su parte, representa la voz de la experiencia, un guardián que recuerda a los humanos su deber de cuidar lo que han heredado. La novela también aborda la soledad y la búsqueda de identidad. Nanami atraviesa un proceso de crecimiento personal donde los libros funcionan como un puente hacia los demás y como un refugio para su espíritu. La narración, aunque en apariencia ligera, está llena de metáforas y enseñanzas morales. El tono es accesible, casi como un cuento para jóvenes y adultos, con una profundidad suficiente para que el lector reflexione sobre su relación con los libros. Esta segunda entrega amplía el universo literario creado por Natsukawa y ofrece una perspectiva complementaria: no basta con amar los libros, también hay que cuidarlos, protegerlos y darles vida a través de la comunidad.
En Japón y en otros países, El gato que cuidaba las bibliotecas ha sido recibida como una obra entrañable que consolida la voz de Natsukawa dentro de la literatura contemporánea. Los críticos destacan su capacidad de transmitir mensajes universales con una historia sencilla, lo que lo emparenta con autores como Haruki Murakami o Yōko Ogawa.
Para los lectores jóvenes, la novela funciona como una invitación al descubrimiento de la lectura; para los adultos, como un recordatorio de la necesidad de preservar los espacios culturales en un mundo digitalizado donde las bibliotecas físicas parecen perder terreno.
Datos interesantes
Natsukawa nació en Osaka en 1978. Además de escritor, es médico de profesión. Su formación en medicina ha influido en su obra, pues suele explorar temas relacionados con la cura emocional y espiritual a través de las palabras. Debutó en 2009 con la novela Kamisama no Karute (El carné de Dios), que se convirtió en un éxito de ventas y fue adaptada al cine.
Natsukawa ha declarado en entrevistas que para él los libros funcionan como “medicina para el alma”, una idea que se refleja de manera clara en la obra de Tora: cada encuentro, cada misión y cada reflexión tienen un matiz terapéutico.