El maestro ignorante- un acercamiento a la autonomía y libertad desde una perspectiva hermenéutica.
“El principio de veracidad está en el corazón de la experiencia de emancipación”
En esta ocasión he decidio compartir algunas elucubraciones en relación al texto El maestro ignorante de Jacques Rancière. Primero: la igualdad de seres humanos, en cuanto a inteligencia, reside en la capacidad de comprender y llevar a cabo acciones que nos lleven al conocimiento de la verdad. Rancière establece varios principios que cuestionan el papel del maestro como guía que lleve al conocimiento. Tomando en cuenta el pensamiento marxista y materialista, admite que todas las inteligencias son iguales, pues al eliminar la noción de alma y la dualidad entre cuerpo y mente, se puede concebir al humano, y a cualquiera de sus facultades, en igualdad de condiciones, por lo que la posición del maestro dentro de la enseña es innecesaria.
A partir de la premisa que caracterizó la revolución francesa, sobre la igualdad entre los hombres, es visible que Rancière cuestiona los métodos de enseñanza y en general de la relación entre los seres humanos y su capacidad intelectual. Parece innegable la condición natural de que cada ser es distinto en cuanto a sus características, sin embargo, la inteligencia se concede de igual forma hasta nuestros límites de razonamiento. En primera instancia conocemos a partir de experiencias, y estas son las que nos van llevando a ciertos caminos, el éxito no depende de la inteligencia de cada persona, ni la inteligencia en sí misma conlleva al éxito.
En la frase: “enseño lo que ignoro” se puede establecer una especie de “revolución” ante la imposición sobre el maestro en cuanto a la enseñanza, pues desde una perspectiva enteramente hermenéutica, en el sentido de interpretar, aprender y aprehender el conocimiento de manera relativamente parecida, encontramos que Ranciêre concibe a la capacidad intelectual, es decir, a la inteligencia de cada ser humano de forma igualitaria, y establece que su decrecimiento o ausencia se debe a la pereza, pues es la que evita que el ser pueda realizar acciones que desarrollen esta facultad intelectual. Aunque la inteligencia cualitativamente por ser una entidad abstracta no pueda “medirse” de personas a personas, sabemos que se construye a partir de una primera intuición: la naturaleza humana se sucede en grupo, es decir, aprendemos y desarrollamos capacidades para poder entrar a este grupo: la sociedad. Por lo tanto es esta intuición o instinto que se convierte en una necesidad, que a su vez permite desarrollar nuestras capacidades de aprendizaje y demás facultades intelectuales
¿Por qué no se debería imponer a un profesor? En primer lugar, porque cada ser concibe la verdad a partir de su experiencia, que a su vez se vuelve en un conocimiento. En segundo lugar, porque el lenguaje, materia principal para el pensamiento humano, es arbitrario. Cada hombre piensa porque existe y no porque habla; es decir: “la inteligencia humana emplea todo su arte en hacerse comprender y en comprender aquello que una inteligencia vecina le significa” (pág. 85), al emplear una especie de guía que concibe su verdad conforme a sus experiencias, la verdad que busque transmitir se verá opacada por los límites de su lengua o lenguaje. Con esto, se privaría al ser humano de una característica fundamental de la inteligencia: “adivinar”.
Podemos advertir que una de las preocupaciones sobre la enseñanza reside en el lenguaje y en sus artificios, en la capacidad intelectual de comunicar a otro el pensamiento. Me parece que Rancière critica el pensamiento cartesiano sobre la dualidad del ser, en cuanto al pensamiento y la materia. El pensamiento es un acto propio de nuestra inteligencia que se vuelve un arte en cuanto lo manipulamos para dar a conocer a otros nuestras experiencias. El papel del maestro es un añadido insignificante, puesto que al estar en igualdad de competencias, por decirlo de algún modo, no permite el desarrollo estricto de nuestra propia opinión, de nuestra propia búsqueda de camino, y en consecuencia de nuestra autonomía y libertad, por eso se dice que nuestro entendimiento (o nuestra inteligencia), se encuentra al servicio de una voluntad, en este caso de un maestro que es quien guía y quien impone su visión de mundo e incluso su lenguaje.
Por lo tanto, hermenéuticamente hablando, cada cual podría comprender en sí mismo cualquier texto o medio comunicativo pues disponemos de la misma capacidad intelectual, aunque nuestro desarrollo de la misma difiera, es gracias solo a nuestro enfrentamiento con la circunstancia que podemos desarrollar nuestra capacidad intelectual y así conocer la verdad.