Si tuvieras un dólar por cada vez que has ayudado a un animal en necesidad

(tomando en cuenta el valor de la moneda actual), ¿qué tal se vería el balance de tu cuenta bancaria? Si tu respuesta está sobre las líneas de “probablemente no cambiaría mucho”, significa que, o estás siendo muy modesto en el mejor de los casos, o tú y yo tenemos qué hablar. Quizá sobre decir lo que ya todos sabemos: que los animales son seres sintientes, que experimentan dolor, miedo y sufrimiento al igual que los seres humanos, y si aspiramos a que el mundo sea un lugar mejor, debemos procurar que lo sea para todos los que vivimos en él. Ayudar a los animales demuestra compasión y empatía, y a la vez genera una sensación de bienestar propia al hacerlo. No hay razón para negar una mano cuando está en nuestras posibilidades.

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La indiferencia también es crueldad.

Bajo esta premisa doy inicio a la nota de hoy, para escribir algunas historias sobre amigos de cuatro patas a los que un empujoncito de ayuda les ha cambiado la vida.

Damian: el milagroso reencuentro entre amigos.

Esta es la increíble y muy improbable historia de Damián, un perro pinscher (mini-doberman) que es la prueba de que ayudar a los pequeños indefensos nunca es una labor en vano.

Damian era un perrito de 5 años, cuyo dueño Paul Guilbeault, y su familia se mudaban a Arizona desde Massachusetts allá por el año 2017. Durante el recorrido por carretera la familia paró un momento para descansar del largo viaje que duraría días, pues había que recorrer el país casi de extremo a extremo, sin imaginarse que el pequeño Damian se asustaría tanto como para soltarse de su correa y salir corriendo lejos de su alcance.

Se quedaron en la ciudad durante una semana, buscando sin cesar al querido miembro de la familia con carteles, publicaciones y páginas de Facebook, pero la búsqueda sin frutos finalmente llevó al padre de Paul a tomar la difícil decisión de continuar sin él;

“Fue devastador. Este pequeñito era mi todo”, dice Paul. “Después de ocho días mi padre dijo ya no tenemos dinero para seguir haciendo esto”.

La historia pudo haber terminado ahí, como lo ha hecho para un sinnúmero de personas que han perdido a un amigo perruno, si no hubiera sido por el (¿podríamos llamar, afortunado?) incidente que tuvo Damián, ocho años después

Para fortuna de todos Damian tenía un microchip, el cual fue escaneado por el veterinario. Fue así que Paul recibió un feliz mensaje:

h4>“Tu perro Damian ha sido encontrado”.

Paul condujo unas 13 horas para poder reencontrarse con su irremplazable amigo. Gracias a la buena acción de la mujer que se rehusó a dejar al pequeño Damian a su suerte, el canino de ahora 13 años puede disfrutar de caminatas diarias, seguridad, comida y tratamiento real por parte de su dueño.

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El Oso de la Encantada

El estado de Coahuila es el principal productor de carbón en México, y uno de los estados con mayor presencia en la industria minera. Además, es conocido por su gran biodiversidad compuesta por una gran variedad de especies de flora y fauna, entre las que se encuentran zorros del desierto, perritos de las praderas, ciervos, pumas y osos negros. En la zona norte de Coahuila, en las minas de la Encantada y la Sabina, vive un oso en particular, al que los pobladores llaman cariñosamente “El Oso de la Encantada”, por la mina que lleva el mismo nombre.

Este oso negro ha tomado popularidad en la región

debido a un curioso hábito que ha adoptado desde hace más de seis años. Debido al desplazamiento de especies que lamentablemente se ven forzadas a aceptar los animales silvestres de todos los lugares con zonas pobladas o en crecimiento, los avistamientos de dichos animales en zonas semi-rurales o urbanas ha aumentado considerablemente en los últimos años. La falta de alimento en su limitado espacio los obliga a adentrarse en la ciudad, o desplazarse cada vez más para encontrar sustento. Es por esta razón, que el protagonista de esta nota se ha visto en la penosa necesidad de pedir “aventón” a sus vecinos con vehículos motorizados, para hacer más eficiente este desplazo.